Una oportunidad en el aire

Cómo nació el Servicio Meteorológico Nacional

 

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Parte IV: Un pequeño paso para el hombre

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Hacia 1871, el Dr. Gould envió su informe al gobierno para pedir formalmente “la organización y mantenimiento de un sistema de observaciones coordinadas que pongan en manifiesto las peculiaridades climáticas y leyes atmosféricas que dominan en estas regiones”, y, consecuentemente, la distribución de los distintos instrumentos necesarios en diferentes puntos del país, como así también el llamado a la participación de personas que puedan operarlos.   Sobre esto último dijo:Se que hay diseminados en todo el territorio de la República muchos hombres inclinados a la ciencia, que ansían poder contribuir con todas sus fuerzas al logro de tan importante objetivo y que se prestarán con el mayor anhelo a realizar observaciones regulares”. Como argumento final, profundizó sobre las importantes mejoras científicas y económicas que se podían obtener.

Se que hay diseminados en todo el territorio de la República muchos hombres inclinados a la ciencia, que ansían poder contribuir con todas sus fuerzas al logro de tan importante objetivo y que se prestarán con el mayor anhelo a realizar observaciones regulares

El informe de Benjamín fue suficiente para que la idea prosperara. El Presidente Sarmiento se encargó de que el proyecto tuviera prioridad y que cada uno de los puntos se cumpla con creces. Le pidió a su amigo que participara en la redacción de instrucciones concretas para las tareas que llevarían a cabo  los observadores y las incluyó en lo que más tarde sería el proyecto de ley para la creación de la Oficina Meteorológica Argentina (OMA), que, al igual que el observatorio astronómico, se instalaría en la ciudad de Córdoba bajo la dirección del Dr. Gould. La ley establecería la centralización de todas las observaciones en dicho establecimiento para poder realizar estudios y publicaciones.   El 4 de octubre de 1872 la ley fue aprobada en el congreso y oficialmente comenzó a funcionar la tercera oficina meteorológica del mundo, y la primera de todo el hemisferio sur. El gobierno se ocupó de conseguir los instrumentos necesarios, como barómetros, termómetros, psicrómetros, pluviómetros y veletas, y comenzó a distribuirlos. Varias personas distinguidas y establecimientos educativos mostraron gran interés y se ofrecieron a participar. Ya para 1876 había 32 observadores distribuidos por toda la República, quienes realizaban 3 observaciones diarias y transmitían mensualmente toda la información recopilada a la oficina central.